—¿Qué... qué acabas de decir? —Vanessa se levantó, con la respiración entrecortada y agitada.
—Me voy a divorciar de ti —repitió Daven, esta vez con más firmeza—. Los papeles se entregarán oficialmente mañana por la mañana.
El caos estalló alrededor de la mesa.
—¡Daven Callister! —gritó Theo, empujando la silla hacia atrás mientras se ponía de pie con los ojos encendidos de furia. Tenía la mirada clavada en Daven, quien, para su exasperación, permanecía tranquilo, bebiendo de su copa como si nad