—No has tocado tu té —dijo Ruth con naturalidad, la voz ligera mientras daba un sorbo delicado de su taza de porcelana, decorada con finos patrones florales—. Es una lástima desperdiciar un buen té.
Althea sonrió con timidez y por fin levantó la taza que había estado sosteniendo sin llevar a los labios. —Lo siento, tía Ruth. Es que... creo que estoy un poco nerviosa.
—¿Nerviosa? —Ruth alzó una ceja, la expresión serena aunque sus ojos permanecían atentos—. ¿Por mí?
Althea dejó escapar una risa s