—Le preparé el mejor regalo para su suegra —dijo James, mirando de reojo a Vanessa, que iba sentada con porte elegante a su lado—. ¿Ha sabido algo nuevo de Daven?
—Todavía no, señora —respondió James con la vista fija en el camino. Tenía que mantenerse sereno, sobre todo cada vez que Daven salía en la conversación.
—Tengo el presentimiento... —la voz de Vanessa se iluminó con un tono de esperanza—de que esta noticia por fin traerá a mi esposo a casa. —Sonrió radiante—. ¿Cómo me veo? Perfecta, ¿v