—Odio que tengas razón. —Naomi suspiró.
—Acostúmbrate. —Cale sonrió.
Naomi volvió a mirar el magnífico salón. En efecto, todo aquello era mucho más grandioso de lo que jamás había imaginado. Sin embargo, entre tantos regalos, planes y familiares que parecían competir por hacerla feliz, Naomi sentía algo mucho más valioso.
No estaba preparando su boda sola. Había tantas personas que querían verla feliz que ni siquiera le daban la oportunidad de sentirse sola.
—Está bien, acepto todos los regalos