Al recordar que su relación se había tensado por culpa de Derek, Eli jamás esperó que a Natalie todavía le importara, sobre todo por la actitud y las palabras de la última vez que hablaron.
Eli miró sus manos entrelazadas. Se sentía incómoda, pero el alivio de saber que todavía había alguien que la comprendía cubría esa sensación.
—Tú también piensas que todo eso es ridículo, ¿verdad? No soy como dicen.
Natalie asintió enseguida.
—Claro. Todo es una mentira ridícula. Sé que nunca engañarías a De