Melisa
La tensión había ido en aumento cada vez que pasaban las horas. Ya los visitantes en Corea debían estar por llegar; no veía la hora de que llegara mi padre para que mi mamá dejase de estar tan nerviosa. Y ahora la entendía, yo también esperaba con ansia la llegada de mi marido. Desde ayer no había logrado que mi pulso se normalizara.
Cuando escuché a Dante gritar y verlo correr hacia el cuartel, el resto de los que estábamos departiendo lo seguimos para darnos cuenta de la barbarie de ve