Liam llegó a las cuatro y dos.
No eran las cuatro en punto: eran las cuatro y dos, que era la diferencia entre alguien que llega exacto porque necesita demostrar algo y alguien que llega cuando llega porque el reloj no era lo que está midiendo.
Rosa lo vio entrar desde recepción.
No llamó a Alice. Alice había dejado instrucciones: si el señor Walton llegaba, la avisaban por mensaje. Sin anuncio en voz alta. Sin el aparato de recepción formal que habría dado al momento una textura que no le corre