El árbol de Navidad tenía seis metros de altura.
Alice lo miraba desde el segundo piso del Hotel Miller, apoyada en la baranda interior del lobby.
Dorado.
Verde.
Esferas de cristal atrapando la luz del atardecer.
Cintas de seda italiana.
Luces blancas medidas al milímetro.
Todo calculado para verse caro sin gritarlo.
Todo listo para ser fotografiado.
Perfecto.
Como el hotel.
Como lo que su padre habría aprobado.
Eduardo, director de operaciones, subió con una tablet en la mano. Traía esa so