Alice se quedó frente al espejo de cuerpo completo.
La suite estaba en silencio, demasiado grande para una sola persona. El aire acondicionado mantenía una temperatura perfecta mientras su vida dejaba de obedecer a cualquier forma de control. La sudadera ya no borraba la curva. El blazer correcto ya no bastaba. Diecisiete semanas habían convertido el secreto en presencia.
Alice apoyó ambas manos sobre el vientre.
No se miró como una mujer vencida. Se miró como una mujer que acababa de entender q