El martes empezó con la respuesta de Alice todavía instalada en el cuerpo.
La dejé quedarse.
Se lo había dicho a Liam el lunes, con Max dormido contra el hombro y Margaret recién fuera de la clínica. No había sido una promesa. No había sido una confesión. No había sido una puerta abierta de golpe.
Había sido apenas una verdad dicha en voz baja.
Y, aun así, el martes amaneció distinto.
No porque el mundo hubiera cambiado de forma visible. El hotel seguía funcionando. Miami seguía afuera con su l