NECESARIO ERA AHORA
La dejé quedarse. Se lo había dicho a Liam el lunes, con Max dormido contra el hombro y Margaret recién fuera de la clínica. No había sido promesa, ni confesión, ni puerta abierta de golpe. Apenas una verdad dicha en voz baja. Y, aun así, el martes amaneció distinto. No porque el mundo hubiera cambiado de forma visible —el hotel funcionaba, Miami seguía afuera, Max seguía despertando a la hora aproximada en que su cuerpo decidía que el mundo debía empezar otra vez—, sino porque algo dentro de Al