Cinco semanas después del mareo, el Hotel Miller tenía un noventa y uno por ciento de ocupación y Alice había dejado de fingir, antes del mediodía, que todavía cabía cómodamente en los zapatos de tacón.
A las doce del martes, los números en la pantalla eran los mejores que había visto en tres años. Noventa y uno por ciento de ocupación. Dieciséis reservas confirmadas para el mes siguiente. Tres solicitudes de evento corporativo ya evaluadas por Eduardo y marcadas como viables sin necesidad de e