El móvil de estrellas de Max giraba despacio.
Era el mismo desde la primera semana: cinco estrellas, tres plateadas y dos azules. La segunda plateada desde la izquierda giraba siempre un poco más lento que las demás. Un defecto mínimo de ensamblaje que la hacía la más visible, la que los ojos encontraban primero.
Alice lo había notado la primera noche.
Desde entonces lo notaba cada noche, con esa fidelidad específica con que se reconocen las cosas imperfectas que terminan pareciendo más propias