La llave de metal era pequeña.
Alice la sacó del bolsillo con el gesto que ya era automático, el mismo gesto de cada vez que subía a este piso con el hotel funcionando abajo y el corredor en silencio arriba, y abrió la puerta de la habitación 114 con la eficiencia de alguien que lleva semanas entrando a un lugar y que ya no necesita pensar en cómo se entra.
Empujó la puerta con el hombro.
Cerró detrás de sí.
La habitación olía igual que siempre.
Madera. Pintura que ya no era nueva pero que cons