Valeria Costa no llamó antes de venir.
Eso era suficiente para saber que lo que traía no era el tipo de cosa que se entrega por teléfono.
Alice la vio cruzar el vestíbulo del hotel desde el corredor del primer piso, con el maletín en una mano y el teléfono en la otra y esa forma de caminar que Valeria tenía cuando la información que llevaba encima tenía peso específico: más rápida de lo habitual, la mandíbula levemente apretada, los ojos orientados hacia delante con la concentración de alguien