Valeria señaló el final a las cuatro cincuenta y siete.
No lo hizo en voz alta. No necesitó decir nada. Bastaron dos pasos hacia adelante desde el umbral para marcar el límite de la visita con la precisión de quien conoce la diferencia entre terminar una hora e interrumpirla.
Liam la vio moverse y entendió.
Asintió apenas.
Después bajó la mirada hacia Max.
Durante casi una hora lo había sostenido con una concentración que Alice no le había visto nunca en ningún consejo, ninguna audiencia, ningu