Noventa y cuatro por ciento. Era el número en la primera línea del informe cuando Alice lo abrió a las siete y cuarenta, con Max todavía dormido y el café todavía caliente. El mejor número en cuatro años. Lo subrayó una vez. Solo una. No porque no lo mereciera, sino porque subrayar las victorias más de lo necesario era el comienzo de creer que la fortuna era estructura. Eduardo llegó a las nueve con la cara de quien lleva quince minutos esperando el momento correcto.
—Hay un mensaje de Konstanti