El cuerpo avisa antes de que uno quiera escucharlo.
Alice lo sabía desde la semana doce, cuando aprendió que el embarazo no negociaba plazos ni respetaba agendas ni entendía la diferencia entre una reunión prescindible y una que costaba tres meses construir. El cuerpo tenía su propio calendario y lo ejecutaba con la indiferencia eficiente de un sistema que no necesita tu aprobación para funcionar.
Lo que no había aprendido todavía era cuándo ignorarlo y cuándo no.
Esa mañana debería haber escuc