El informe de Davies llegó a las siete y cuarenta de la mañana, entregado en mano por un asistente que no preguntó si era buen momento.
No era un sobre esta vez. Era una carpeta delgada, con el membrete neutro que Davies usaba para los documentos que prefería que no tuvieran membrete, y encima una nota manuscrita de tres palabras: Vigilancia desde ayer.
Liam la abrió después del café.
Ese era su sistema con los documentos difíciles: primero el café, después el documento. Una costumbre aprendida