No iba a retirar el párrafo. Tampoco iba a dejarlo intacto. Esa era la tercera opción, y Alice la vio con claridad mientras Max seguía en la hamaca portátil mirándose las manos: no negar, no esconder, no entregar la narrativa. Solo corregir el lenguaje. Quitarle a una fuente anónima el derecho de interpretar por ella algo que todavía no le pertenecía al mundo.
A las cinco y doce marcó a Karina Torres, directora editorial del Registro. Contestó al segundo tono, con la eficiencia de quien esperaba