El consultorio del doctor Martínez tenía los mismos veintidós grados de siempre, esa temperatura que todos los consultorios de pediatría de Miami parecían compartir por acuerdo tácito. Alice lo había aprendido en las cuatro revisiones anteriores. En la primera lo registró como dato; en las siguientes, como constante. Y las constantes, últimamente, eran una forma de confianza.
Max estaba en su ciclo activo durante la revisión, la cabeza girando hacia el estetoscopio, hacia la voz del médico, haci