La carta llegó un jueves por la tarde.
No directamente. Nada de lo que hacía Margaret llegaba directamente. Llegó a través de un intermediario financiero que se lo pasó a Harrison, que se lo pasó a Valeria, que llamó a Alice a las cuatro y cuarenta y dos con el tono que usaba cuando la información era urgente y manejable: no el tono de emergencia, sino el tono de quien ya tiene el mapa y solo necesita que el otro lo vea.
—Carta anónima. Cuatro inversores del Hotel Miller. Sugiere inestabilidad