La Mansión Vieri nunca había sido testigo de una reunión tan cargada de resentimiento. Valeria había ordenado una cena formal, obligando a toda la familia nuclear a congregarse en el gran salón. Era la única forma de imponer el nuevo orden.
En la imponente mesa de caoba estaban sentados:
Valeria, la Matriarca, en la cabecera, con una calma pétrea.
Alessandro, a su derecha, tenso y con la mirada fija, el nuevo líder operativo.
Demian, a su izquierda, humillado y pálido, pero con el odio cociéndo