El viaje de regreso a la casa de campo de Valeria fue un ejercicio de silencio brutal. Alessandro conducía a una velocidad controlada, pero la tensión en el coche era un cable a punto de romperse. Su traje estaba arrugado y manchado, y sus ojos grises reflejaban la tormenta interna que había contenido en el almacén.
Aurora, sentada a su lado, estaba físicamente ilesa, pero marcada por la traición. Sabía que había violado el único pacto inviolable de Alessandro: la obediencia.
Ella rompió el sil