La casa de Miguel estaba rodeada también por un pequeño y precioso jardín que se veía que estaba sumamente cuidado por él mismo. Dominic se sintió a gusto al haber entrado allí, y pronto, Miguel cerró la puerta del sitio para no dejar a la vista tanto tiempo de que ellos estaban allí.
A medida que iban avanzando, Dominic se daba cuenta de que, en el fondo de su ser, a él le gustaría tener una casita como la de Miguel para vivir allí, con tranquilidad y en familia, junto con Ana y con su hijo.