33. El Lamento de Sonya
—No te vayas... —susurró con desesperación, mientras la sangre de Ibrahim manchaba su ropa y la suya.
Pero lo único que recibió a cambio fue un último aliento, uno que terminó con un susurro de amor en sus labios, que apenas ella alcanzó a escuchar. "Te amo..."
Y entonces, Ibrahim Arden se desvaneció en sus brazos.
El cuerpo de Ibrahim estaba en sus brazos, su vida desvaneciéndose en un mar de sangre. El suelo bajo ellos parecía arder, y el mundo, en ese instante, se redujo a un infierno person