Con estas palabras, Alejandro adivinó la decisión de Aitana: esta niña estaba decidida a marcharse.
Pero Alejandro quiso preguntar:
—¿Y Damián? ¿También vas a renunciar a él?
Aitana bajó la mirada sumisamente:
—Depende de él, de cuándo esté dispuesto a soltarme. Entonces tramitaremos el divorcio.
Había dejado clara su postura, y Alejandro de repente se desplomó.
Pero no podía culpar a Aitana. De principio a fin, esta joven no había cometido ningún error. ¡Era culpa de Damián!
Alejandro se recomp