Aitana se apoyó contra la pared, riendo suavemente entre lágrimas.
No perdonaba, ¿por qué debería perdonar? Cuando ella estaba desesperada, Damián acompañaba a Lía, ¿acaso pensó en su angustia? ¿Acaso pensó en el dolor de haber perdido a un ser querido?
Aitana bajó la mirada, contemplando el rostro de Damián.
Extendió sus delicados dedos blancos, tocando el rostro del hombre como si acariciara a un amante. Su voz era igualmente tierna y cargada de emoción cuando preguntó:
—¿Duele? Damián, ¿tú ta