Al finalizar la presentación, cuando el violinista salió a agradecer, Aitana se marchó.
Caminaba bajo un cielo lleno de luces de neón, pensando que la vida también tiene su final, como lo que había entre ella y Damián.
Desde atrás, alguien la llamaba: —Aitana.
Aitana se volvió lentamente, su respiración formando una nube blanca en el aire frío, difuminando sus miradas.
En medio de esa bruma, solo se escuchó la voz temblorosa de Damián: —¿Todavía me amas? Aitana, ¿aún puedes amar?
Aitana respondi