Ella dijo con generosidad: —Qué bueno que regresaste.
Damián quiso decir algo más.
Pero Aitana colgó el teléfono, guardó su celular y sacó las dos entradas contiguas para el espectáculo.
Bajó la mirada y las observó por un buen rato, recordando la emoción que sintió aquel día cuando recibió el mensaje. Ahora pensándolo bien, había sido realmente estúpido. Pero al menos, nunca más volvería a pasar.
Finalmente, Aitana arrojó las dos entradas al bote de basura en la calle.
Envuelta en su gruesa cha