Aitana:
—Entonces posponla.
Elia no tuvo más remedio que obedecer a la reina de los Uribe.
Después de colgar, muy gentilmente le pidió a Iván que bajara del auto, diciendo que tenía otros asuntos.
Iván dudó un momento y dijo:
—Señorita Balmaceda, gracias por encontrar médicos para mis padres.
Elia sonrió y asintió.
Iván preguntó de nuevo:
—¿Esta noche también necesita que le lea el guion?
La mujer se estiró:
—Claro que sí, ¿cómo no? Dependo de eso para sobrevivir.
...
Media hora después, el auto