Ella percibió que él había entrado, con la voz ronca e indiferente:
—Vete, y no vuelvas más.
Lucas se acercó por detrás de ella, quedando a solo un paso de distancia. Tenía muchas ganas de tocarle el hombro suavemente, pero no era apropiado, así que la mano que había levantado volvió a bajar silenciosamente, convirtiéndose finalmente en un suspiro de impotencia y amargura:
—Jazmín no puede verme, va a llorar y hacer berrinches. Me necesita.
Susana tenía los ojos enrojecidos:
—Sí, va a preguntar