Para sorpresa de ambos, Damián se detuvo.
Bajó la mirada hacia Aitana, que yacía entre sus brazos. Su nuez de Adán subía y bajaba, revelando el enorme autocontrol que ejercía en ese momento...
Después de un momento, se apartó de ella, decidiendo dejarla ir.
Damián habló con tono indiferente:
—Ve a lavarte.
Cuando Aitana se levantó, sintió que sus piernas temblaban. Al llegar tambaleándose al baño, se asustó al ver a la mujer en el espejo; estaba completamente desaliñada.
En el dormitorio, Damián