Al día siguiente por la tarde, Judy trajo un lote de regalos de boda.
Susana estaba libre, así que se sentó en la sala a abrir esos regalos y registrarlos uno por uno, para poder devolver los favores en el futuro.
Abrió una caja de terciopelo negro y adentro había un juego de jade verde imperial, de valor incalculable.
Este regalo no tenía firma.
Pero Susana podía adivinar quién lo había enviado, no pudo evitar quedarse absorta.
Álvaro entró, justo vio a su esposa con cara de asombro. Al ver lo