Álvaro llevó a Susana de vuelta.
Durante todo el camino, ninguno de los dos habló.
Hasta que el auto se detuvo abajo del edificio, Álvaro estacionó el auto, volteó la cabeza para mirar a Susana. Tenía los ojos un poco rojos, era por haber llorado mucho tiempo junto al río, por Álvaro.
La voz de Álvaro era muy suave y muy tierna:
—Por más mal humor que tengas, cuando llegues come algo, el bebé necesita nutrición.
Diciendo esto, le acarició suavemente el vientre.
Como si ese niño fuera su hijo bio