Al amanecer, en una mansión de Palmas Doradas.
En el dormitorio principal, el hombre y la mujer se entregaban apasionadamente, cuando de repente, en los pantalones del traje tirados al pie de la cama, sonó el teléfono.
Ring, ring...
No paraba de sonar.
Damián originalmente no quería hacerle caso, pero Aitana realmente no podía concentrarse. Acarició suavemente el rostro del hombre y murmuró:
—Contesta primero, después continuamos.
Damián la miró con ojos negros profundos, le dio un beso en la co