Damián rara vez bebía en exceso:
—No pasa nada, es una ocasión especial.
Aitana también insistió, algo poco común en ella:
—Tuviste una cirugía. Además, ¿todavía te crees de veintitantos años?
El hombre medio ebrio la miró con ojos negros ardientes, bajando mucho la voz:
—Al rato te voy a demostrar que un hombre de treinta y tantos no es peor que uno de veintitantos.
Aitana se sonrojó:
—Damián.
Él la miraba con ojos llenos de amor, tomó su mano con una de las suyas y después de brindar con algui