Capítulo 350
Aitana fingió indiferencia:

—Cuando los niños sean más grandes.

Damián le acarició la mejilla, pero no la presionó, y bajó la cabeza para besar a Esperanza en sus brazos. La pequeñita estaba muy bien cuidada, su carita blanca y tierna, sus bracitos regordetes, al cargarla parecía un peluche.

En la profundidad de la noche, se apagaron las luces.

Aitana se acercó al hombre, medio recostada sobre su brazo murmuró:

—Damián, quiero regresar a cuidar a los niños. Ahora es el mejor momento, si te pido
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