Damián sonrió:
—Entonces seguro es alguien conocido.
Fernando se quedó boquiabierto y después de un largo rato exclamó:
—¿Tú lo sabías?
Damián se giró y con sus dedos elegantes sacudió la ceniza del cigarrillo.
¿Cómo no iba a saberlo?
Desde aquel año del reconocimiento familiar, la preferencia de su padre hacia Aitana había sido muy obvia. Solo su madre, tan despistada, no se daba cuenta. Las demás personas lo sabían pero fingían que no pasaba nada, después de todo el pasado era solo eso, pasado