Después de un largo momento, él dijo suavemente:
—¿Realmente tienes que comprometerte?
Susana:
—¡Sí! Espero que asistas cuando llegue el momento.
Lucas miró el rostro sereno de la mujer y dijo entre dientes:
—Puedes estar segura, asistiré puntualmente.
El ambiente se sumió en un silencio mortal.
Sobre la mesa quedó un plato de sancocho intacto, ya frío.
Recordó que antes, cuando trabajaban juntos hasta altas horas, Susana llevaba a Lucas a un pequeño local en el callejón detrás del edificio corp