Después de varias sesiones de hacer el amor apasionadamente, la noche estaba silenciosa. Aitana yacía en los brazos de Damián, aún sumergida en las sensaciones de lo que acababa de pasar.
Damián se incorporó ligeramente y muy naturalmente abrió el cajón de la mesita de noche. Recordaba que había dos cajas de cigarrillos sin abrir, pero cuando sacó las cajas, las volvió a guardar.
Bajó la mirada hacia la mujer en sus brazos, con el ceño relajado.
El pasado era amargo, pero lo que tenía ahora en s