Como siempre, Damián ni se molestó en tomar en serio a Esteban. Sin dejar de mirar a Aitana, respondió: —Con el tiempo, los gustos de cualquiera cambian. ¿Acaso tú no has cambiado también?
Esteban rechinó los dientes de frustración.
Ana, entre divertida y exasperada, sabía perfectamente que en un duelo verbal, Esteban jamás estaría a la altura de Damián. Rápidamente lo tomó del brazo y se despidió de Aitana: —Nosotros nos vamos. Quédense y conversen tranquilos.
...
Aitana los vio marcharse con u