En medio del clímax de la pasión, Mariana de repente vio a Damián.
Estaba de pie junto a la puerta, observándola aparentemente con calma, pero en sus pupilas se escondían emociones desconocidas: desprecio, repulsión y algo más que ella no podía descifrar.
Mariana, presa del pánico, empujó al hombre que tenía encima, bajó de la cama medio desnuda y corrió hacia Damián, suplicando desesperadamente:
— Damián, no lo malinterpretes, él me drogó, él me forzó.
El médico llamado Andrew, con una leve son