Rápidamente cambió de actitud, mostrándose amable y cordial: —Querida consuegra, Damián ha cometido un error y cualquier castigo que le impongas es justo. Mi esposa, mi hermano mayor y yo hemos venido para ver a Aitana y al bebé.
Con un gesto, ordenó al mayordomo traer los productos nutritivos, todos artículos muy escasos y valiosos.
Zarina se tocó la frente, sonriendo levemente: —¿Qué tiene que ver la felicidad de los Delgado con ustedes, los Uribe? Llévense sus regalos. Los Delgado podemos man