La señora Uribe salió del hospital y regresó rápidamente a casa.
Apenas se detuvo el auto, preguntó a Manolo: —¿Dónde está Fernando?
Manolo, conteniendo la risa al ver su aspecto, señaló hacia el estudio: —Está conversando con el señor Diego.
La señora Uribe no tenía tiempo para preocuparse por su apariencia; en su mente solo existía su nieto.
En el estudio del segundo piso, el aroma del té flotaba en el aire.
Fernando y Diego discutían asuntos importantes. Con Damián ausente por dos meses, los