Puerto Real, los Delgado
En plena noche, la casa estaba completamente iluminada.
La anciana señora de los Delgado salió personalmente a recibir a las visitas en la puerta.
La anciana era de mente abierta, respetaba los sentimientos de su hijo, aunque lamentaba que no tuviera descendencia.
Ahora, mirando a Aitana, la veía radiante: tenía belleza, tenía talento, realmente lo tenía todo.
Brisa estaba inmensamente satisfecha y no pudo evitar comentar: —Leo ha tenido mucha suerte, esta chica está muy