Leonardo se apresuró a sostenerla: —¿Qué sucede? ¿La reunión no fue agradable?
Zarina se desplomó en el sofá, aferrándose con fuerza a la ropa de su esposo, hablando con voz confusa: —Leo, creo que encontré a mi hija. Te he contado antes, mi hija tenía un pequeño lunar en la cintura, y hoy vi el mismo lunar en Aitana. Leo, ¿crees que podría ser mi hija?
Leonardo preguntó ansiosamente: —¿Le preguntaste sobre sus orígenes?
Zarina asintió: —Solo sé que creció con su abuela.
¡Qué coincidencia tan ex