La terraza fue invadida por alguien, y no era otro que Damián.
Apenas entró, vio a Selene abrazada a Aitana, sollozando en voz baja. Su mirada se oscureció.
Selene giró la cabeza y al verlo, como un pájaro asustado, se secó los ojos enrojecidos y se marchó apresuradamente...
Damián observó la escena y sonrió levemente: —¿Qué le pasa a Selene? Me mira como si hubiera visto un fantasma.
Aitana le devolvió la pregunta: —Damián, ¿no crees que has sido demasiado cruel con Selene?
Damián sonrió seduct