Chloe Donovan
Había pasado el resto de la madrugada pintando. El lienzo, que inicialmente debía ser una oda a la libertad, se había convertido en un campo de batalla de trazos erráticos y colores que sangraban unos sobre otros. Mis manos estaban manchadas de pigmento, pero mi alma se sentía mucho más sucia. La imagen de Dominic apareciendo en el umbral del taller a las seis de la mañana, con ese olor a alcohol, a hotel y esa marca roja e innegable en su cuello, se repetía en bucle detrás de mis