Dominic Blackwood
El muelle 14 era el escenario perfecto para una tragedia o para una ejecución. El aire era denso, impregnado de ese olor a óxido y fracaso que tienen los lugares olvidados por Dios. Me movía en la penumbra con la Glock en la mano, sintiendo la adrenalina fluir con una frialdad familiar. Spencer me seguía, y aunque intentaba disimularlo, su respiración era errática. Mi hermano, el arquitecto de imperios de cristal, estaba fuera de su elemento, pero el miedo por Casey Donovan lo