Chloe Donovan
Me desperté sintiendo el peso de la realidad cayendo sobre mis hombros. Dominic ya no estaba en la cama, pero su aroma —una mezcla de sándalo, cuero y ese magnetismo oscuro— seguía impregnado en las sábanas de seda. Me puse una de sus camisas, que me quedaba como un vestido, y me senté a la orilla de la cama, mirando la habitación que ahora era mi jaula y mi refugio a la vez.
Unos toques suaves en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Antes de que pudiera responder, Mia entró.